«La novela luminosa», de Mario Levrero

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Una reseña de @fernando.j.anton

Mario Levrero publicó en 2005 La novela luminosa, en la cornisa del boom de la literatura autorreferencial. Sin embargo, la novela es algo que trasciende esa etiquetación, a veces caprichosa, porque, después de todo ¿acaso no toda literatura es siempre autorreferencial?La Novela Luminosa se compone de dos partes, la novela y el diario de la novela. Todo parte de una beca Guggenheim para un proyecto sin empezar. El Diario, que ocupa casi todo el libro es el diario del proceso de escritura, pero también del proceso de Levrero enamorado, reconociéndose enamorado, de una persona mucho menor. El diario es imperdible. Nos invita a entrar en las pequeñas aventuras diarias de un “cascarrabias” un “viejo al que lo vienen a buscar para salir a pasear” y que reniega de eso porque está programando o haciendo plantillas en el Word 3.1.

La literatura del yo logra que desde esa vivencia personal conectemos con temas que son universales: el amor, el reconocimiento, el poder, las decisiones morales. La literatura del yo es un puente desde lo particular a lo general. Levrero hace esto de manera genial: nos hace pensar en todo lo que hacemos sobre, por y para el amor, todo lo que nos mueve ese sentimiento de plenitud. Levrero encuentra sentido, sentado en su habitación leyendo novelas policiales. Eso es lo que quiere hacer mientras espera que Chl lo pase a buscar. Sacar a pasear al viejo es una actividad que los une, donde él le cuenta el ritual de las palomas en la terraza del edificio de enfrente. En un pasaje del libro Levrero declara su amor, y le declara con toda la potencia trágica que tiene: irremediablemente el amor lo hunde. Pero también el diario es una reflexión sobre la vida, la relación con los padres y con otras personas que nos marcaron, con hechos que recordamos de una manera diferente a como fueron.

Como buen escritor, Levrero entendió que los hechos que merecen ser contados pueden ser cualesquiera. Importa el significado. No es la cantidad de hormigas que todos los días mira cuando desayuna, a las que alimenta, sino lo que significan esas hormigas, el lugar que ocupan dentro de una vida. Eso es lo que merece ser contado. 

Las anotaciones del diario cubren desde aspectos filosóficos hasta la lectura del momento, como la devoción por Somerset Maugham o Rosa Chacel o los precios en el mercado de Montevideo. Cada autor acompaña el momento que describe Levrero en el diario. Y lo hace tan bien, nos adentra tanto, que es irremediable salir a buscar sus libros. También menciona a Burroughs y las experiencias inexplicables y luminosas que acechan nuestra vida. Porque Levrero lleva a fondo la contradicción; a pesar de ser terriblemente lógico y estructurado, no deja de llevar registro de los hechos inexplicables y de cómo son ellos quienes definen nuestra vida. El diario es también una narración de esos momentos, de cómo un programa se cambia solo, de cómo las palomas y las hormigas siguen patrones con un orden perfecto, hasta que dejan de seguirlos y de cómo, él, viejo y solitario, siente el amor quizás por última vez.

La Novela Luminosa es la otra cara del Discurso Vacío, otra novela breve contada en forma de diario. La recomendación es que se lean en conjunto, sugiriendo el orden cronológico de escritura, es decir, el Discurso Vacío primero. 

Lo interesante de La Novela Luminosa es que el diario se roba todo el protagonismo. La novela en sí, la segunda parte, queda opacada por el diario del proceso de escritura de la novela. Es como si Levrero quisiera abrirnos una puerta, mostrarnos cómo es su vida para que a partir de ahí podemos ver cómo se construye algo luminoso, algo trascendente. Está tan bien escrita y contada, que transmite empatía e identificación con ese mundo tan distante pero tan cercano a la vez. Ahí, en ese doble juego, está la fuerza de la Novela Luminosa. Foucault decía que la literatura era una gran extranjera en cualquiera de los sistemas de pensamiento, no pertenecía plenamente a ninguno. Lo que hace Levrero con el diario es eso: al romper los límites del registro individual, para transformarlos en universales, hace que su literatura sea una extranjera, parte en su realidad y parte en la nuestra. 

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Imágenes:

Portada: Eduardo Ramón Trejo para Tierra Adentro (México)

Clave de libros, Mercadolibre, Unsplash, Mondoescrito

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